César sorprendió a su pareja Sara con una sesión de fotos junto a su perro Anko. Cuando les vi, me conquistaron del todo, Anko es un perro tan feliz! que esta absolutamente todo el tiempo con ese gesto de placer, el placer para los sentidos que da el AMOR, la fuerza más poderosa del universo. […]

Una historia de amor perruno sin condiciones

César sorprendió a su pareja Sara con una sesión de fotos junto a su perro Anko.

Cuando les vi, me conquistaron del todo, Anko es un perro tan feliz! que esta absolutamente todo el tiempo con ese gesto de placer, el placer para los sentidos que da el AMOR, la fuerza más poderosa del universo.

Se quieren, se cuidan y se comprenden, con un equilibrio mágico y así pude plasmarlo en fotografías.

Les pedí que me contasen su historia para poder compartirla.

Nosotros que siempre hemos estado comprometidos con el bienestar animal, seguíamos y colaboramos con la Asociación Sol Guadalajara, no teníamos intención de adoptar pero el destino hizo que le conociéramos y no pudimos separarnos de él.

Un día como hoy hace tres años las voluntarias que cuidaban de él, buscaban acogida de unos días puesto que ellas no iban a poder atenderle. Ellas no le dejaban nunca sólo, se lo turnaban por días de forma que entre unas y otras Anko estuviera en perfectas condiciones. Nosotros nos ofrecimos y nos le quedamos 1 semana. En esta semana pudimos darnos cuenta de que Anko necesitaba una familia de verdad, que le ofreciera una estabilidad para encontrarse mejor, algo muy difícil, ya que se juntaba la edad, sus problemas físicos y su comportamiento, tenia ansiedad por separación y armaba unas escandaleras cada vez que se quedaba sólo, que asustaba a cualquier vecino.
Tras esa semana ,nos volvimos a ofrecer varias veces, cada vez eran estancias más largas que nos permitían conocerle mejor. En 5 meses no nos podíamos separar de él. Descubrimos que era un perro cariñoso, alegre, juguetón y todos sus miedos comenzaban a desaparecer.
¿Cómo dejarle ahora?.
Un día al salir del trabajo, Anko y César vinieron a recogerme. Tenían algo que decirme, Ankito se quedaba con nosotros para siempre. Lo pensamos bien y la Asociación dio el visto bueno a su adopción.
A partir de entonces, no nos separaríamos nunca más de esas dos caniquillas que no ven pero miran, de esos dientecillos sobresalientes que lo frenan todo, de esos saltos cual liebrecilla cada vez que se pone el arnés para salir. Ya eras parte de nuestra familia.
Ha día de hoy eres un perro feliz, loquito por vivir y de lo único que nos arrepentimos es de no haberte conocido antes.
Te queremos Anko.  

 

 

 


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