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Contar con alguien «de confianza» para hacer las fotografías y vídeos de tu empresa es una decisión muy habitual, pero no siempre la más acertada, tener buena relación personal, no garantiza conocimientos profesionales y estratégicos de comunicación visual, muchas empresas acaban con trabajos, poco profesionales en coherencia, ni visión a largo plazo, que luego cuesta más rehacer que hacer bien desde el principio, crear una buena imagen de marca no va de gustos personales, va de estrategia, objetivos y experiencia y cuando se trata de la cara visible de tu negocio, improvisar suele salir bastante más caro.
Durante estos años trabajando en fotografía profesional me ha pasado muchas veces lo mismo: empresas que me piden presupuesto, valoran mi propuesta… y finalmente eligen a alguien “de confianza”, alguien a quien le gusta la fotografía o que está empezando.
Hasta aquí, cada empresa es libre de decidir.
El problema suele venir después con el resultado: personas poco favorecidas, estética incoherente con la marca, encuadres sin intención y una sesión que, siendo sinceros, no representa a la empresa como debería.
Y aquí viene lo realmente importante: la imagen corporativa no es un detalle menor, cuando esa imagen falla, el coste no es solo económico.
Es la cara pública de la empresa en web, redes sociales, prensa y comunicación.
Es lo primero que ve un cliente antes incluso de hablar contigo.
También es tiempo del equipo, organización de la sesión, planificación… y normalmente una segunda inversión para rehacer el trabajo con un profesional.
Lo sé porque en muchas ocasiones esas empresas han vuelto a contactar conmigo después.
El resultado final siempre ha sido muy satisfactorio, pero habiendo duplicado inversión y tiempo.
Tu imagen habla de ti incluso cuando tú no estás.